domingo, 30 de enero de 2011

TÚNEZ Y LA INTERNACIONAL SOCIALISTA

Por: Miguel León Prado O*.

Una de las sorpresas que nos ha deparado la “revolución de los jazmines” ha sido el enterarnos que el partido del derrocado presidente de Túnez, Zin el Abidin Ben Alí, era miembro de la Internacional Socialista. Después de escuchar hasta la saciedad, que el “Reagrupamiento Constitucional Democrático” era una organización corrupta, autoritaria y violenta, tal circunstancia es verdaderamente escandalosa, puesto que la dictadura impuesta a Túnez por dicha organización, duró 23 años, levantando un Estado policial que sometió a sus ciudadanos a todo tipo de represión.

En ese contexto, la posición de la Internacional Socialista, demostró que es una organización carente de toda mística, creatividad y consecuencia con los postulados que le dieron origen. Lo acontecido en Túnez, ha demostrado la profunda contradicción que impera en su seno, por la heterogeneidad de sus componentes y la falta de una línea clara y coherente en su conducción.

Es curioso que la Internacional Socialista no haya reaccionado frente a la situación de Túnez, hasta que se produjo la caída de Ben Alí. Y lo peor, es que tal decisión, se haya intentado tomar sin publicidad, sustentada en el argumento de que tal partido no responde a “los principios definitorios de la Internacional Socialista”. ¿Y eso se descubrió ahora? ¿Y que sucedió antes? La Internacional apoyó a ese régimen represor, violador de los derechos humanos, corrupto e intolerante con sus ciudadanos, violando lo más esencial de sus principios como organización.

Desde luego, los responsables actuales de la IS, no deben tener muy limpia su conciencia, cuando adoptaron esta decisión tan a última hora, y además intentando hacerlo en forma solapada, a espaldas de muchas opiniones de sus partidos miembros, que siempre condenaron al régimen derrocado. No existen argumentos en contrario para justificar tal actitud.

El doblez de posiciones que ha existido en el caso de Túnez, país al que casi todas las cancillerías occidentales presentaban, como un paradigma destacado de modernización y de orientación laica y moderada, es un ejemplo de la inexistencia de ética en las relaciones internacionales y en las formas de comunicación en su desarrollo. Es más, es una muestra que los principios solo quedan en la tinta y el papel. A la hora de su aplicación desaparecen por la preeminencia de los intereses de los países más poderosos. Pero ahora todo y todos han cambiado de la noche a la mañana. No sólo la Internacional Socialista. Esto demuestra un oportunismo y cinismo sin límites.

Es cierto, que a la Internacional Socialista, también pertenece otro partido tunecino de signo opositor y totalmente diferente –el “Foro para las Libertades y el Trabajo”–, pero esto no evita que la opinión pública mundial, se sienta perpleja, por el manejo ambivalente, ambiguo e inconsecuente de una organización mundial como la Internacional Socialista, que supone defiende los derechos humanos, la democracia, la libertad y los principios de justicia internacional. Una organización que, ante la actual crisis, debería tener un papel más activo y aportar referencias y propuestas que pudieran servir de orientación para los pueblos y las organizaciones sociales ubicada en el ámbito de la transformación y el progreso. Existe un doble estándar en su actuación en cada continente que la hace perder legitimidad ante el mundo.

Frente a esta “ausencia”, y ante todas las contradicciones que la acompañan, no deja de ser llamativo que los focos más activos desde los que actualmente se emiten análisis e ideas, sean instituciones como el Foro de Davos, así como algunos “think tanks” y grupos de comunicación, bien engrasados por los recursos de poderosos núcleos de poder económico. Más allá de las ideas que pueda tener cada cual, lo cierto es que un panorama como el actual no deja de ser auténticamente disparatado y desequilibrado. La Internacional Socialista evita el debate. Es más, se reúne para repetir en cada evento los mismos temas con otros contenidos sin ninguna propuesta inteligente y de transformación para el mundo del siglo XXI,

La dinámica de la Internacional Socialista –y su creciente desdibujamiento y desprestigio, se explica en gran parte, por las decisiones que se tomaron en su oportunidad, para intentar integrar en su seno a partidos y organizaciones de muy diversa clase y origen, algunas de ellas de muy dudoso carácter socialista, pensando que con ello, se daba vida a una mega organización del “progresismo” del “socialismo” y del “cambio”. De esta manera, una intención, que inicialmente podía ser positiva, de apertura al mundo africano, asiático y latinoamericano, acabó deviniendo en una confusión inoperante y sin sentido, que ha desnaturalizado sus propósitos fundacionales.

El ejemplo que hemos conocido en el caso de Túnez, debiera servir de acicate para un cambio profundo y de amplio alcance en la Internacional Socialista. Para ello sería importante, que algunos líderes socialdemócratas y socialistas, plantearan estas cuestiones con claridad, y de manera pública y sincera, abriendo la senda a una auténtica refundación de la Internacional. Si pronto, no se hace, es evidente que el debate internacional actual, quedará gravemente lastrado y desequilibrado, situación que terminará afectando a muchos partidos de orientación socialdemócratas y socialistas, que desde el aislamiento nacional, no podrán encontrar suficiente anclaje para planteamientos reformistas más genuinos en un mundo crecientemente globalizado.

Por ello, cuando más se la necesita, la ausencia de la Internacional Socialista es un auténtico desastre para todas las fuerzas que aspiran a un cambio social, a una profunda transformación del capitalismo mundial y a la construcción de una sociedad más justa, digna y equilibrada.

Los partidos integrantes de esta organización deben recobrar el espíritu fundacional con la cual en su momento fue concebida, adaptándolo a las nuevas condiciones imperantes en el siglo XXI, a objeto de reunir credibilidad y legitimidad entre la ciudadanía de cada continente.



* Abogado. Profesor Investigador. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Universidad Central de Venezuela

ANSELMO SULE, UN CHILENO EJEMPLAR.

ANSELMO SULE, UN CHILENO EJEMPLAR.



Miguel León Prado O*

Los radicales no somos dados al recuerdo público de nuestros líderes. Más bien siempre les procuramos un discreto perfil, pero es el momento de reconocer su legado y su ejemplo político.

Anselmo Sule Candia es uno de los más notables líderes del Partido. Su figura trasciende el ámbito partidario y se proyecta con superior validez en la vida internacional. Cuando la ignominia dictatorial le quitó vanamente su nacionalidad, no puede olvidarse el gesto solidario y generoso del pueblo y gobierno de Uruguay al otorgarle la suya, en virtud de su coraje libertario y democrático, su talento e hidalguía política, en la lucha por el rescate de la justicia y la libertad en los países del Cono Sur, sometidos a cruentas y despiadadas dictaduras a fines del siglo pasado.

Su figura, siempre modesta y sencilla, se enaltece como un sobresaliente conductor en la recuperación del estado de derecho ferozmente violentado por la irrupción de un militarismo abyecto en la región. Venezuela, México, Uruguay, Argentina, Centro-América, el Caribe y Europa fueron ejemplos de su acción solidaria.

Chile y América Latina ya reconocen el esfuerzo, la preocupación y valentía de Anselmo Sule, en una lucha larga por superar aquellos momentos difíciles y duros para nuestros pueblos. Desde muy joven, casi niño todavía, como militante del Partido Radical, como abogado y Senador de la República, como miembro distinguido de la Masonería, demostró cosas importantes para hacer política verdadera: talento político, bondad y solidaridad humana, lo que selló para siempre su vida estelar. Nunca le perturbaron el halago, la adulación ni los intereses poderosos de grupos reinantes.

Se podría decir que Anselmo Sule, uno de los últimos y grandes líderes del siglo XX que dirigió a nuestro Partido, glorioso en tradiciones y aportes a Chile, supo rescatar los valores de los padres fundadores. Con el timón firme, jamás se apartó de los nobles postulados y principios filosóficos que nos dieron origen en 1859. Nunca olvidó que el radicalismo chileno surgió en la Segunda República con Matta y los Gallo en la batalla de Los Loros, luchando contra el autoritarismo de Montt, para hacer de Chile una sociedad más justa y libertaria. Esos principios, Anselmo Sule los tuvo siempre presentes en su fervorosa y sacrificada vida política al servicio de Chile.

Cabe este recuerdo en este natalicio, cuando el insigne luchador social que fue Anselmo Sule estimuló e impulsó -junto a Alcides Leal, Orlando Cantuarias, Aníbal Palma, Alberto Baltra, Hugo Miranda, Luis Bossay Humberto Enríquez, Exequiel González Madariaga, Carlos Morales, Patricio Valdés y muchos otros- la conformación de una tendencia interna destinada a rescatar los valores del Partido, desperfilados por su participación en el gobierno conservador de Jorge Alessandri. Las condiciones políticas, viejas y desiguales, se fueron agudizando gradualmente para que ello ocurriera. Primero fue la Juventud la que conformó el eje de ese movimiento de rescate interno y de modernización ideológica, con un carácter ciertamente revolucionario, frente a otro de tipo conservador que prevalecía en gastados sectores en la militancia.

Aquello fue un terremoto político al interior del radicalismo, removiendo viejas estructuras y dando una nueva visión a la lucha por la defensa del país, su plena independencia y soberanía, como correspondía en la década de los años setenta del siglo XX. Así nació la Juventud Radical Revolucionaria, para luchar por Chile, entre el edificio del antiguo Congreso Nacional y las oficinas de Anselmo, en calle Ahumada 370 con Compañía.

Todo culminó, con orgullo y validez patria, en el llamamiento a integrar un verdadero movimiento de audaz transformación del Partido Radical que en la Convención de la época alzó al profesor Alberto Baltra Cortés como el abanderado presidencial.

Sule fue pieza vital en ese movimiento liberador que, al reconocerlo, hoy llena de orgullo al Partido y a los sectores más avanzados del pensamiento político chileno. Es parte de nuestra historia ejemplar no siempre bien comprendida y divulgada.

Hay que estudiar y analizar la historia política y parlamentaria del Partido Radical para entender su inestimable aporte a nuestro país. Miles de proyectos en casi siglo y medio, enaltecen el agudo acervo político de sus dirigentes. El radicalismo tiene un inmenso legado histórico que exhibir a Chile y mostrar a las nuevas generaciones su fervor patrio, su defensa de las riquezas y bienes nacionales, su espíritu laico en resguardo de todas las creencias y, sobre todo, su inquebrantable sentimiento de servicio público y lealtad a nuestros conciudadanos más abandonados y desprotegidos.

Hoy muchos quisieran hacer desaparecer esa historia de aportes inequívocos del Partido Radical a la vida nacional. El radicalismo, es fuente generosa de valores solidarios, de defensa de los más débiles y oprimidos, de justicia social e igualdad, el radicalismo, con sus principios y doctrinas enaltecedores, es la respuesta más genuina para el futuro político de Chile, sin entregas ni atropellos.

Decimos que la fecha es propicia para recordar a un chileno ejemplar y a un radical de excepción, a un hombre que luchó sin tregua por el destino libertario de Chile y por la defensa de los más débiles, de aquellos excluidos que tanto pueblan todavía el territorio nacional.

Alejandro, Claudio, Tatania, Fresia, su familia, los amigos que disfrutamos de esa bondad y talento de Anselmo, lo recordamos hoy con particular orgullo por haber tenido la suerte de disfrutar de su trato generoso, de su lealtad y de su fervor patrio y libertario. La Fundación Anselmo Sule tiene un desafío concreto: preparar para el 2012, aniversario de su desaparición física, un gran homenaje como una hermosa tarea de justicia y reconocimiento a su vida ejemplar. La juventud chilena tiene en él a un luchador inclaudicable por la justicia social en una hora política de tanto atraso y engaño.

Chile también tiene una deuda con este chileno que, sin odios y mucho amor, supo luchar con inmenso sacrificio, exilios y coraje por tener la Patria que se nos había arrebatado.

Los pueblos se engrandecen cuando recuerdan y exaltan a sus valores más genuinos. Es la hora de hacerlo también con grandeza.

Caracas, Enero 27 de 2011

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* Abogado, Profesor Universitario. Universidad Central de Venezuela







jueves, 27 de enero de 2011

TÚNEZ Y LA INTERNACIONAL SOCIALISTA

TÚNEZ Y LA INTERNACIONAL SOCIALISTA



Por: Miguel León Prado O*.

Una de las sorpresas que nos ha deparado la “revolución de los jazmines” ha sido el enterarnos que el partido del derrocado presidente de Túnez, Zin el Abidin Ben Alí, era miembro de la Internacional Socialista. Después de escuchar hasta la saciedad, que el “Reagrupamiento Constitucional Democrático” era una organización corrupta, autoritaria y violenta, tal circunstancia es verdaderamente escandalosa, puesto que la dictadura impuesta a Túnez por dicha organización, duró 23 años, levantando un Estado policial que sometió a sus ciudadanos a todo tipo de represión.

En ese contexto, la posición de la Internacional Socialista, demostró que es una organización carente de toda mística, creatividad y consecuencia con los postulados que le dieron origen. Lo acontecido en Túnez, ha demostrado la profunda contradicción que impera en su seno, por la heterogeneidad de sus componentes y la falta de una línea clara y coherente en su conducción.

Es curioso que la Internacional Socialista no haya reaccionado frente a la situación de Túnez, hasta que se produjo la caída de Ben Alí. Y lo peor, es que tal decisión, se haya intentado tomar sin publicidad, sustentada en el argumento de que tal partido no responde a “los principios definitorios de la Internacional Socialista”. ¿Y eso se descubrió ahora? ¿Y que sucedió antes? La Internacional apoyó a ese régimen represor, violador de los derechos humanos, corrupto e intolerante con sus ciudadanos, violando lo más esencial de sus principios como organización.

Desde luego, los responsables actuales de la IS, no deben tener muy limpia su conciencia, cuando adoptaron esta decisión tan a última hora, y además intentando hacerlo en forma solapada, a espaldas de muchas opiniones de sus partidos miembros, que siempre condenaron al régimen derrocado. No existen argumentos en contrario para justificar tal actitud.

El doblez de posiciones que ha existido en el caso de Túnez, país al que casi todas las cancillerías occidentales presentaban, como un paradigma destacado de modernización y de orientación laica y moderada, es un ejemplo de la inexistencia de ética en las relaciones internacionales y en las formas de comunicación en su desarrollo. Es más, es una muestra que los principios solo quedan en la tinta y el papel. A la hora de su aplicación desaparecen por la preeminencia de los intereses de los países más poderosos. Pero ahora todo y todos han cambiado de la noche a la mañana. No sólo la Internacional Socialista. Esto demuestra un oportunismo y cinismo sin límites.

Es cierto, que a la Internacional Socialista, también pertenece otro partido tunecino de signo opositor y totalmente diferente –el “Foro para las Libertades y el Trabajo”–, pero esto no evita que la opinión pública mundial, se sienta perpleja, por el manejo ambivalente, ambiguo e inconsecuente de una organización mundial como la Internacional Socialista, que supone defiende los derechos humanos, la democracia, la libertad y los principios de justicia internacional. Una organización que, ante la actual crisis, debería tener un papel más activo y aportar referencias y propuestas que pudieran servir de orientación para los pueblos y las organizaciones sociales ubicada en el ámbito de la transformación y el progreso. Existe un doble estándar en su actuación en cada continente que la hace perder legitimidad ante el mundo.

Frente a esta “ausencia”, y ante todas las contradicciones que la acompañan, no deja de ser llamativo que los focos más activos desde los que actualmente se emiten análisis e ideas, sean instituciones como el Foro de Davos, así como algunos “think tanks” y grupos de comunicación, bien engrasados por los recursos de poderosos núcleos de poder económico. Más allá de las ideas que pueda tener cada cual, lo cierto es que un panorama como el actual no deja de ser auténticamente disparatado y desequilibrado. La Internacional Socialista evita el debate. Es más, se reúne para repetir en cada evento los mismos temas con otros contenidos sin ninguna propuesta inteligente y de transformación para el mundo del siglo XXI,

La dinámica de la Internacional Socialista –y su creciente desdibujamiento y desprestigio, se explica en gran parte, por las decisiones que se tomaron en su oportunidad, para intentar integrar en su seno a partidos y organizaciones de muy diversa clase y origen, algunas de ellas de muy dudoso carácter socialista, pensando que con ello, se daba vida a una mega organización del “progresismo” del “socialismo” y del “cambio”. De esta manera, una intención, que inicialmente podía ser positiva, de apertura al mundo africano, asiático y latinoamericano, acabó deviniendo en una confusión inoperante y sin sentido, que ha desnaturalizado sus propósitos fundacionales.

El ejemplo que hemos conocido en el caso de Túnez, debiera servir de acicate para un cambio profundo y de amplio alcance en la Internacional Socialista. Para ello sería importante, que algunos líderes socialdemócratas y socialistas, plantearan estas cuestiones con claridad, y de manera pública y sincera, abriendo la senda a una auténtica refundación de la Internacional. Si pronto, no se hace, es evidente que el debate internacional actual, quedará gravemente lastrado y desequilibrado, situación que terminará afectando a muchos partidos de orientación socialdemócratas y socialistas, que desde el aislamiento nacional, no podrán encontrar suficiente anclaje para planteamientos reformistas más genuinos en un mundo crecientemente globalizado.

Por ello, cuando más se la necesita, la ausencia de la Internacional Socialista es un auténtico desastre para todas las fuerzas que aspiran a un cambio social, a una profunda transformación del capitalismo mundial y a la construcción de una sociedad más justa, digna y equilibrada.

Los partidos integrantes de esta organización deben recobrar el espíritu fundacional con la cual en su momento fue concebida, adaptándolo a las nuevas condiciones imperantes en el siglo XXI, a objeto de reunir credibilidad y legitimidad entre la ciudadanía de cada continente.
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* Abogado. Profesor Investigador. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Universidad Central de Venezuela